Las muestras de fervor a Jesús Cautivo y la Virgen de la Trinidad se han sucedido durante toda la Semana Santa. JOSE MORENO

“Cristo vive y lo hace entre nosotros. Esta ciudad lo sabe bien cuando diariamente encamina sus pasos a su presencia y lo sigue cautiva irremediablemente en su alba huella”.

Queridos hermanos:

He recurrido a estas palabras del pregón de la Semana Santa de Málaga de 2015 escrito y pronunciado por Rafael de las Peñas y que es fuente de inspiración permanente, como introducción a esta carta que os dirijo «frescas aún las flores en las ánforas, humeantes los pabilos de los cirios recién apagados», para en primer lugar felicitaros la Pascua de Resurrección, para mostraros mi satisfacción, como hermano mayor de este instituto penitencial, y para daros las gracias de manera sincera y efusiva por tantas y tantas cosas que nos han dejado esta Cuaresma inédita y estos últimos días santos que, además, nos han permitido disfrutar con la consoladora y esperanzadora cercanía de nuestros sagrados titulares, que tanta falta nos hacía a todos después de un año aciago y marcado irreparablemente por la pandemia.

Vengo de asomarme a la inmensidad de la mar, tan imprevisible y azul, como hace poco más de una semana, el pasado Sábado de Pasión, el Cautivo y la Trinidad lo hicieron a su ciudad durante la Misa del Alba, haciendo temblar los cimientos devocionales en los que se asienta. Y en este tiempo, de frente al Mediterráneo, he podido hacer un repaso mental y emocional de lo que nos ha deparado esta Semana Santa. Recién concluida, atípica, excepcional, extraña… pero histórica. Las cofradías no han salido esta vez al encuentro de los malagueños. Son tantos los que nos esperan en las calles y confían en la confirmación anual de la cuadratura del círculo. Ha sido al revés. Han sido los ciudadanos, hermanos, fieles y devotos los que, soportando pacientemente colas a veces infinitas, han acudido en masa, pero de manera ordenada, a visitar a las imágenes, que permanecían en sus capillas o casas de hermandad. Esa Málaga, tantas veces denostada como ‘procesionista’, sin tronos en la calle, sin mecidas y sin bandas de música, ha sabido responder y estar a la altura sabiendo diferenciar entre lo fundamental de la celebración y todo lo que le rodea que, aunque también importante, no deja de ser accesorio.

En Semana Santa los cofrades estamos habituados a exteriorizar nuestra fe. A compartirla con quienes se agolpan en las aceras y aguardan el paso de interminables filas de nazarenos para reencontrarse con su devoción, a la que rezan durante todo el año en su capilla, al doblar una curva o en la calle más estrecha del itinerario. Este 2021, sin embargo, ha tocado interiorizar la devoción e ir en su busca dentro de los templos. Porque la Semana Santa es otra forma de amar. Y cuando llega, aunque sea adaptada a las circunstancias, como este año, se produce el pellizco.

Y ahora, con cierta perspectiva, puede que no la suficiente porque aún están muy recientes los instantes, se amontonan los recuerdos y las vivencias en este final del, a buen seguro, ejercicio cofradiero más duro y complicado que nos ha tocado vivir. Todo el trabajo desarrollado tiene los nombres y los apellidos de hermanos comprometidos que lo han dado todo por las imágenes a las que rezan y tanto quieren y por la hermandad que les rinde culto. Que se han tenido que ajustar a aforos y toques de queda para llevar a cabo su labor cumpliendo las normas sanitarias, que la han hecho aún más difícil. Desterrando tópicos anquilosados y demostrando que no hace falta cargo en junta de gobierno para ejercer como el que más. No quiero personalizar, porque lo fácil sería olvidarme de alguien, así que antes de que como el humo del incienso se esfumen los sentimientos, me gustaría hacer repaso agradecido, para que al menos quede impregnado como su dulce aroma, en estas torpes letras. Y que cada uno se reconozca, si puede porque haya aportado, en sus funciones.

Gracias a ti, que dejaste reluciente la plata. A ti, que te aliaste con la vertical para dejar intacta la candelería. Gracias a ti, que confeccionaste banderolas y reposteros y los pintaste con los símbolos que nos distinguen. Y a ti, que subido a un andamio, los dispusiste desde el techo o una farola en la calle, desafiando a la gravedad. Gracias por pinchar la flor con tanto gusto. Por trasladar y subir al Amor de nuestros amores en sus tronos. Por vestirlos con esmero y con un sentido artístico superior, para presentarlos en esta irrepetible ocasión. Gracias por ser puntual al abrir las puertas. Por ofrecer la señal online en directo a quienes se quedaron en casa. Por ordenar las largas hileras de devoción que aguardaban para estar cara a cara con Ellos. Por ofrecer con tanto cariño las estampas que ya son reliquias devocionales. Gracias a ti, por quemar el incienso y por poner las marchas procesionales de fondo, que creaban la atmósfera propicia. Por recoger las ofrendas en forma de claveles de fervor. Y a ti, por iluminarlos con primor escenográfico. Gracias a ti por estar al tanto de todo, al pie del cañón y dando las indicaciones precisas.

Gracias también a ti, por soportar presiones y no distraerte del objetivo fundamental de hacer más accesible y cercana la devoción. Por tener claro que era posible y lo fue. Gracias por asumir, con responsabilidad y comprensión, que no podías tocar el Lunes Santo. Y a ti, por revisar los listados. Y a ti, por coordinar los protocolos y planes de seguridad. Y a ti, por estar en contacto permanente con los agentes del orden y a ellos por su servicio. Gracias a ti, por organizar y acoger a los invitados. Y a ti, por colocar las sillas como con tiralíneas. Y a ti, por dejar a punto la microfonía. Y a ti, por informar de todo lo que acontecía a través de las redes sociales corporativas. Gracias por preparar la liturgia en cada celebración. Gracias por tu oración, individual o comunitaria. Y a ti, también, gracias por redactar, enviar y tramitar las solicitudes y permisos. Y a ti, por dejar listas las previsiones y abonar los pagos. Y a ti, por haber reinventado un museo. Y a ti, por quedarte atendiendo a sus visitantes, que te pedían una pulsera o un llavero… Gracias por tu emoción contagiosa. Gracias por dejarnos llevar el consuelo a los enfermos del Hospital Civil aunque no hayan podido disfrutar de la presencia física de las veneradas imágenes.

Gracias por no confundir lo popular y hacerlo tosco. Gracias por no convertir lo natural en desbocado. O lo sencillo en cerril. Gracias por ofrecer esperanza a los demás con tu testimonio. Gracias por reforzar nuestro estilo y mantener nuestro sello, por afianzar las esencias trinitarias, pero también por romper estereotipos y sesgos. Gracias por unir y no dividir. Gracias por vivir en fraternidad, que sale reforzada. Gracias por tu lealtad para con la corporación. Gracias, en definitiva, por dejarte el alma.

Gracias Málaga, un año más, por responder a la convocatoria de Jesús Cautivo y la Virgen de la Trinidad, por confirmarle como tu Señor, y por hacerlo con tanto rigor, con tanta pulcritud, con tanto celo y con tanto sentido de responsabilidad, individual y colectiva, para minimizar el riesgo de transmisión y contagio. Nadie podrá acusarnos, cofrades, de ser los culpables de ninguna cuarta ola.

Y gracias por confiar en mí, humilde cofrade al servicio de su hermandad, y dejarme estar al frente de toda esta maquinaria que se impulsa a golpe de ilusiones renovadas, de pasión y de fervor compartidos. Si ha habido fallos, si se han cometido errores, si, como humanos, que no aspiramos a la infalibilidad, nos hemos equivocado, si se han dado medallas de más, o se han producido olvidos, omisiones o defectos, todos y cada uno deben ser achacables en exclusiva a este hermano mayor que os pide disculpas por ello y que siempre, pero especialmente ahora, se siente tremendamente orgulloso de sus hermanos y de su hermandad, por la propuesta ofrecida y por el desempeño de nuestras obligaciones. Amor con amor se paga. Y todo este trabajo, todo este esfuerzo y sacrificio, solo se pueden entender desde el amor.

«Te alabaré,
con mi vida en la entrega, te alabaré.
Acogiendo tu Palabra te serviré.
Curando tus heridas,
llevando la esperanza de la fe»

Concluye una nueva Semana Santa, en la que el Señor, aunque no ha podido pisar las calles, ha vuelto a morir en la cruz por la salvación del género humano y se ha hecho Cautivo para librarnos. Pero ha resucitado y todo vuelve a tener sentido. El 11 de abril de 2022 será de nuevo Lunes Santo. Recemos a Jesús y a su Madre Coronada para que intercedan por el fin de esta pandemia que nos sacude con inusitada virulencia desde hace más de un año, por los que han caído enfermos y sus familias, por los difuntos, para que ya estén junto a Ellos en el Cielo, y por que se acelere el ritmo de vacunación que nos permita vivir una próxima Semana Santa normalizada, con todas las cofradías haciendo estación de penitencia, siendo fieles a su naturaleza.

Os respeto y os admiro.

Ignacio A. Castillo Ruiz

Hermano mayor

Departamento de comunicación de la cofradía del Cautivo y la Trinidad. Establece contacto directo con esta área a través de la dirección de correo electrónico comunicacion@cautivotrinidad.com o el número de teléfono 676 488 873.