Queridos hermanos:

Desde hace tres días, en el silencio de la calle vacía y callada, me despierta por la mañana el piar de los gorriones. Estaban ahí, pero no nos dábamos cuenta. He necesitado este breve paréntesis para recuperarme yo también del impacto que para todos ha supuesto el decreto de Estado de Alarma nacional, que nos insta a permanecer en nuestras casas para evitar la propagación masiva del covid-19, y para ordenar las ideas que os quería transmitir, por si nos pueden ayudar, como hermanos, para afrontar esta situación de alerta global, tan excepcional, incierta y desconocida, que nos ha tocado vivir.

Como seguro ya sabéis, este año 2020 no habrá procesiones de Semana Santa. Nuestra hermandad ha estado en permanente contacto durante los días previos, actuando siempre con responsabilidad y rigor, con la Agrupación de Cofradías y el Obispado de Málaga, con el fin de consensuar posturas. Cancelamos actos y cerramos preventivamente nuestra casa hermandad, interrumpiendo nuestra actividad. Finalmente, decidimos colegiadamente la suspensión de nuestro desfile.

Es, sin duda, un triste y duro golpe para la cofradía y todos los que la componemos después de un largo año de preparativos. Aunque bien podemos pensar que, si salimos a la calle a hacer penitencia, ¿qué mayor penitencia no habrá que asumir que nos quedamos sin salir? Era la hora de actuar como buenos cristianos, pero también, como buenos ciudadanos, y adoptar una determinación que, por otra parte, era inevitable.

Pero todos sabemos que no solo somos cofrades para revestirnos nuestra túnica o tocarnos con nuestro capirote un día de cada primavera para recorrer las calles y las plazas de nuestra ciudad, que se llenan de personas que ansían la presencia de Jesús Cautivo y la Virgen de la Trinidad. Tenemos que ser cofrades, con la carga de profundidad que ello conlleva, todos los días y en todas las circunstancias. Y hemos de saber convertir esta crisis en una nueva oportunidad. Porque somos una extraña pero admirable grey de hombres y mujeres que sabe crecerse como nadie ante las adversidades.

Ahora hay que hacerlo, en la clausura de casa, como obliga la situación, junto a las personas que más queremos, pero alejados de otras a las que echamos mucho de menos. Las que nuestras urgencias cotidianas y agendas repletas hacen que no le dediquemos el tiempo que merecen. Como los gorriones, están ahí, pero demasiadas veces no nos damos cuenta. Y ahora, con solo lo imprescindible a nuestro alrededor, añoramos.

No perdamos la oportunidad de aprender y, cuando todo esto acabe, cambiemos estos hábitos insostenibles que nos impone esta sociedad de lo efímero, las precipitaciones, la ambición y la codicia y amémonos más, como desea el Señor. Y seamos más comprensivos, practiquemos más la empatía y seamos más solidarios unos con otros. Con nuestros errores y nuestros aciertos. Con nuestros defectos y nuestras virtudes. Como nos quiere Dios.

Seguimos en Cuaresma y habrá Semana Santa y Cristo volverá a resucitar, aunque no haya cofradías en la calle. Nosotros somos afortunados, como cristianos, de poder aferrarnos a nuestra fe en este desierto, más desierto que nunca, de la cuarentena. “Y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre”. Por la fe somos miembros de la Iglesia. Por la fe, nos hicimos hermanos de nuestra cofradía. Por la fe nos reunimos en torno a Nuestros Sagrados Titulares. Por la fe les rendimos culto y nos unimos a sus plantas en quinarios, triduos o cada primer viernes de mes. Por la fe comulgamos y asumimos la presencia real de Dios en el sagrario en la misa. Por la fe, año tras año, salimos a la calle para manifestarla públicamente. Pero también la fe nos tiene que mantener y alimentar en estos momentos tan complicados y en todos los que, por desgracia, aún están por venir.

La fe, al igual que los gorriones y esas personas queridas con las que ahora querríamos estar, pero no podemos, está ahí siempre, pero tampoco nos damos cuenta y recurrimos a ella cuando no queda más remedio, porque puede que esté aletargada o se muestre insensible. Despertémosla.

Os invito, queridos hermanos, ante esta amenaza que nos ha obligado a tomar decisiones nuevas, a rezar. A que no nos convirtamos en meros espectadores de la nada. Sino que participemos activamente, con nuestra conducta de obediencia a las autoridades, pero también con nuestra oración, en revertir lo antes posible los efectos de la pandemia. A rezar por quienes han enfermado y por el alma de los que han fallecido, por sus familias, por quienes han de combatir al virus en primera línea sanitaria, por los que siguen trabajando para propiciar nuestro abastecimiento y servicios básicos y por quienes nos gobiernan, para que aprueben las medidas más acertadas.

Mantengamos la esperanza. Y estemos siempre alegres.

Un fuerte abrazo a todos.

Señor, “líbranos del mal” y protege a esta tierra malagueña, que tanto te venera.

Ignacio A. Castillo Ruiz
Hermano mayor

P. D. Desde mi ventana sigue oliendo a azahar. El Lunes Santo de 2021 está cada vez más cerca.

Ignacio A. Castillo Ruiz hermano mayor de la cofradía del Cautivo y la Trinidad. Establece contacto directo con el hermano mayor a través de la dirección de correo electrónico hermanomayor@cautivotrinidad.com