Queridos hermanos:

Cristo abre la puerta de la vida. “Goce la tierra inundada de tanta claridad”. Es ahora cuando entendemos cómo el Señor, en su inmenso poder, se dejó hacer Cautivo para librarnos a todos de nuestro cautiverio. Y es ahora también cuando, en plena Pascua de Resurrección, hacemos balance de las intensas horas vividas tan cerca de Él y de su Madre de la Trinidad. De preguntarnos si creemos que pueden sentirse orgullosos de nosotros, sus hijos, por nuestra actitud, conducta y comportamiento. Si hemos cumplido con lo que Ellos nos piden. Si somos realmente fieles y devotos en el fondo y no solo en las formas. O ni siquiera en ellas, pese a que forman parte de nuestra idiosincrasia y nuestra particular manera de expresarnos como pueblo.

Yo humildemente, como hermano mayor, os muestro mi gratitud. Y os confieso mi felicidad en términos absolutos y más aún en los relativos.  Pudimos disfrutar nuestra penitencia sin incidentes y  manifestar públicamente nuestra fe por las calles de Málaga, que volvió a sucumbir ante la inmensidad de nuestros sagrados titulares. Son tan grandes y nosotros tan pequeños, que eso nos debería hacer reflexionar muchísimo. Un año más, entre todos, hemos ofrecido a los malagueños que nos aguardaban en las aceras la posibilidad de creer. Y la devoción volvió a desbordarse en torno a nuestras imágenes. Tenemos la inmensa fortuna de provocar un maremágnum de sentimientos.

Miles de personas han podido entablar una conversación silenciosa con quien todo lo escucha y todo lo puede, pese a estar rodeados de una marea humana de devotos que no solo están ahí en Semana Santa, sino cualquier día del año en su capilla. Son los que se aferran al magisterio del Señor, los que madrugan para coger sitio de pie en la plaza, los que se postran ante su reja, los que le llevan flores y encienden velas aun sin tener casi para subsistir, los que siguen su blanca silueta en la noche o los que piden la intercesión de su Madre.

Viéndolo así, sí hemos cumplido con nuestra misión, queridos cofrades que salís de nazareno, hombre de trono, acólito, mantilla, comisión externa o músico de nuestras bandas de cornetas y tambores y sinfónica, si tu estación de penitencia compartida con tus hermanos ha sido signo de amor y si has salido al encuentro con Dios. Si no solo la has vivido como una puesta en escena, como una costumbre a perpetuar o como un alarde de fuerza. Hay tantas motivaciones, seguramente, para salir en una procesión como personas se revisten el hábito, pero todas han de ser conscientes de lo que este gesto significa y representa y de que todos hemos de ser corresponsables por nosotros mismos [porque por un solo imprudente puede pagar toda la cofradía] y por quienes nos miran con microscopio, móviles y muy poca caridad cristiana, como si no supiéramos dónde están nuestras virtudes y, sobre todo, dónde nuestros defectos.

Nuestro margen de progreso es aún muy grande y esto ha de servirnos de estímulo para seguir trabajando en esta línea. Para hacer mejor lo que ya era bueno. Convencidos de que lo que estamos haciendo lo hacemos bien.  Y de que, como todo en la vida, las cosas en las cofradías también necesitan su tiempo y que es siempre mucho más interesante convencer en lugar de obligar o prohibir, aunque las normas, como es lógico, estén para ser cumplidas y tenemos que ser escrupulosos con su aplicación. Trabajar en favor de todos y nunca en contra de nadie implica no hacer tampoco distinciones.

Esta Semana Santa, pese a la aparente dificultad, nuestra responsabilidad en la gestión, cuidado y custodia de nuestras imágenes nos impelía a advertir del riesgo que supone para los sagrados titulares las ofrendas florales que reciben en su traslado de la mañana del Sábado de Pasión desde cierta distancia o desde la altura de ventanas o balcones. Por eso, y siendo conscientes de que en cada clavel hay muchos sentimientos, promesas y gracias, invitamos a los devotos a acercarse a Ellos para depositar sus ramos a los pies de las imágenes, cuidando así de quienes nos cuidan cada día. Y comprobamos que la respuesta recibida no pudo ser mejor, demostrando que el mensaje había calado, por lo noble de la petición, y por la gran sensibilidad demostrada por los fieles a los que le damos las gracias de forma encarecida. La cofradía nunca les da la espalda, y por este motivo, para garantizar un mayor número de espectadores potenciales, y aprovechar la permeabilidad de la plaza del Hospital Civil, este año hemos celebrado la tradicional estación y visita a los enfermos ante el recinto sanitario, de lo que estamos muy satisfechos. El esfuerzo en la gestión y organización obtuvo sus frutos espirituales en un acto que mantuvo las claves que lo hacen tan especial y en el que los pacientes reciben tanto bien.

Por delante tenemos un año apasionante que queremos compartir con todos vosotros: el del cincuentenario de la Trinidad. No dejamos de hacer, siempre para mayor honor y gloria de nuestros sagrados titulares. Ya estamos inmersos en la preparación de la procesión magna del próximo 26 de mayo, en la que María Santísima de la Trinidad estará presente como uno de los pilares devocionales marianos de la ciudad de Málaga, en torno los aniversarios de Santa María de la Victoria, nuestra patrona.

Y antes de despedirme, permitidme recordaros que este próximo domingo, 8 de abril, a las 12.00 horas, nos reuniremos en Santa Misa en nuestra sede canónica de San Pablo y tendremos oportunidad de dar Gracias a Dios en comunión. Y, del mismo modo, el sábado 14 de abril, a partir de las 13.30 horas, podremos pasar una tarde de convivencia y hermandad, como ya hicimos el pasado año, en la sede del grupo parroquial del Cristo de la Luz y la Virgen del Mar, en la calle Hoyo Higuerón, número 3 [San Andrés].

Feliz Pascua de Resurrección a todos, “Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste” [Salmo 29, 2], gracias de nuevo, mi abrazo y felicitación.

Ignacio A. Castillo Ruiz – Hermano mayor

Foto de portada: Juanma Sánchez

Ignacio A. Castillo Ruiz hermano mayor de la cofradía del Cautivo y la Trinidad. Establece contacto directo con el hermano mayor a través de la dirección de correo electrónico hermanomayor@cautivotrinidad.com