Queridos hermanos:

Toda vez que ya es oficial, como era más que previsible e inevitable, la suspensión de las salidas procesionales en la Semana Santa de esta próxima primavera de 2021, según el decreto dictado por el obispo de la diócesis de Málaga, Jesús Catalá, debido a la dramática evolución de la pandemia de coronavirus, me dirijo de nuevo a vosotros prácticamente en los mismos términos que en la pasada Cuaresma. Nos ha tocado vivir momentos muy complicados, cofrades, y las hermandades no están siendo una excepción.

Todos, con experiencias más próximas o lejanas, estamos ante una auténtica tragedia clínica, social y económica que nos está condicionando de manera definitiva y que debería despertar vivamente en nosotros la conciencia de que somos una comunidad global, “donde el mal de uno perjudica a todos” [Fratelli Tutti, 32]. Pero no siempre ha sido así, de ahí el alarmante crecimiento de esta tercera curva, que unido a las distintas variantes de la cepa, mucho más agresivas y contagiosas, la han convertido en un auténtico muro en el que nos hemos vuelto a dar de bruces.

Cuando las estadísticas diarias de casos positivos, de hospitalizados o de fallecidos nos tocan de lleno, cuando dejan de ser meras cifras y se convierten en rostros de familiares o conocidos, de tu madre, de tu hermano, de tu vecino… notamos en la nuca el letal aliento de la enfermedad y cuesta aún más digerir algunas actitudes frente a la epidemia. Porque esto, por desgracia, es de verdad.

Ante este panorama, nosotros, como cofrades, tenemos también que asumir que, por segundo año consecutivo, Jesús Cautivo y la Virgen de la Trinidad no podrán salir a las calles de Málaga cuando su presencia es tan necesaria. Hace un año os venía a decir que tuviéramos fe, que cultiváramos la oración, que fuéramos activos, con obediencia cívica y cristiana, para no contribuir en la propagación del virus. Que el Señor y su Madre, sin abandonar su capilla de San Pablo, estaban con nosotros, como lo están y estarán siempre. Incluso si llegáramos a olvidarnos de Ellos. Y de este modo, al estar con todos, estaban igualmente en cualquier rincón, en cualquier barrio de Málaga y de allí donde su devoción alcanza, trascendiendo cualquier frontera.

En esta ocasión pasará lo mismo, después de un año que ha sido muy duro y complejo, que ha venido a sumar inquietud e incertidumbre y ha prorrogado la erosión, también nos ha planteado retos hasta ahora desconocidos y obligado a tomar decisiones nuevas. Y no por esperada, la noticia de la suspensión de nuestro desfile procesional es menos dolorosa, porque las circunstancias son distintas a hace un año y porque parece necesario la revisión de un modelo ya agotado. En estos tiempos de tribulación, hay que tirar de ingenio para mantenernos vivos y pujantes. Si durante estos últimos años, aun siendo sensibles y escrupulosos con nuestro estilo, herencia y tradición, el manido mantra cofradiero de “esto siempre se ha hecho así”, no nos ha servido, en estos momentos, lo hace menos que nunca, porque hay que reinventarse. Y hay que hacerlo con ilusión y siendo fieles a lo que el Cautivo nos dice.

Y vosotros, hermanos, sois muy importantes. Porque más tarde o más temprano volveremos a vivir momentos inolvidables en nuestra salida de cada Lunes Santo junto a nuestros sagrados titulares, nos ceñiremos de nuevo la túnica, nos tocaremos con nuestro capirote, meteremos el hombro bajo un varal que ansía el movimiento acompasado, incensaremos su caminar, rezaremos con un instrumento musical o haremos promesa. Pero mientras tanto, tenemos que esforzarnos, con responsabilidad, compromiso y sentido de pertenencia, en mantener nuestra institución, que forma parte de la columna vertebral de nuestra fe y es cordón umbilical de la manera que vivimos nuestra religiosidad. Y os animo a ello, para que además, en la medida de lo posible, fomentemos la convivencia fraternal, parte de nuestra razón de ser.

La junta de gobierno y su director espiritual se reunirá en los próximos días para diseñar un programa de actividades que esté a la altura para conmemorar la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo aunque no podamos hacer estación de penitencia. Así se nos ha solicitado por parte del Obispado y de la Agrupación de Cofradías y, ajustándonos en todo momento a las normativas sanitarias, lo intentaremos desarrollar. Y confiamos en que, de una u otra manera, todos os sintáis partícipes y orgullosos. Ellos nos sabrán compensar.

Es nuestra obligación, como creyentes, caminar en esperanza, como nos pide el Papa Francisco en su última encíclica.

Por Jesús Cautivo y la Virgen de la Trinidad, a los que imploramos que protejan a esta ciudad, que tanto les quiere y venera, y que se pone en sus manos.

Un fuerte abrazo a todos. Cuidaos mucho, por favor.

Ignacio A. Castillo Ruiz
Hermano mayor

Ignacio A. Castillo Ruiz hermano mayor de la cofradía del Cautivo y la Trinidad. Establece contacto directo con el hermano mayor a través de la dirección de correo electrónico hermanomayor@cautivotrinidad.com