"La Iglesia os quiere, sentiros parte de Ella" | Papa Francisco, a los cofrades.

Presentación cartel #LunesSantoMálaga 2018 por Tadeo Furest

Gracias Fran, hermano de Padre y Madre, gracias por tu generosa amistad y por tus desmedidas palabras que nacen de la amabilidad y bondad de tu corazón.

 Hermanos y amigos todos aquí presentes en esta noche en la que aún nos llegan ecos de la Navidad y en la que ponemos la mirada en la noche del próximo Lunes Santo. Amigos, autoridades… gracias por acudir a esta convocatoria en la que descubriremos el cartel anunciador de la hermandad.

Permitidme que este saludo llegue a vosotros como la brisa de la noche de los lunes, esa que ondea la farola de un barrio que sin besar el mar nos llega con el aroma y sabor a salitre de las lágrimas de una madre abrigada en manto malva.

Permitidme que hoy, como Historiador del Arte, me encuentre acrisolando dos de mis grandes pasiones: las hermandades y el arte. La mezcla de ambas pasiones tamizada siempre por mi corazón y sentimientos, los cuales traduciré por medio de la palabra.

Y qué difícil es en estos días lidiar en estas tablas cuando todos nos acordamos de aquel que hacía de este oficio, arte, de aquel que nos hacía ver y descubrir en un lienzo detalles que llegaban a nuestros sentidos a cuales no sabíamos ponerle el verbo justo. Antonio Garrido que enhebraba palabras tan sutilmente que quedaban suspendidas en el aire, sin merced del tiempo, como la túnica vaporosa del señalado como “Señor de Málaga”. A él mi recuerdo y estoy seguro que el de todos los aquí presentes. 

Cuando te enfrentas a ser medio entre una obra y el espectador, desde el punto de vista crítico se planea el primer problema, el ser interlocutor entre la obra y el espectador, entre algo que ya habla por si sólo como es en este caso un cartel.

Para un historiador del arte hay expresiones que nos chirrían en los oídos tales como “sobre gustos no hay nada escrito”. Cuando alguien suelta esta fórmula mágica a uno le viene la respuesta a la mente que a veces por prudencia uno calla, pero permítanme que hoy le ponga voz: sobre gusto si hay mucho escrito, sólo hay gente que no se detiene en leerlo, o quizás gente que se atreve a enjuiciar una obra sin formación ninguna, o sin saber lo que ve.

Cuando hablamos del gusto como un elemento de referencia que ha de servir para valorar la obra de arte, lo hacemos queriendo darle un valor objetivo, aunque en realidad es pura subjetividad. A lo largo de la Historia del Arte el gusto ha cambiado según las preferencias colectivas. Ha habido una especial dedicación por parte de los estudiosos del arte a encontrar una valoración objetiva del gusto hasta llegar a definirse como "la capacidad, tanto del espectador como del artista, para identificarse con la idea que la obra quería reflejar" (valoración muy ligada al pensamiento de Platón quien entendía que era de buen gusto una obra de arte que hubiera sabido reflejar la idea de belleza). No sigo por desgranar el concepto de belleza pero créanme que también hay bastante escrito sobre ello.

En la historia el gusto ha tenido diferentes consideraciones: la mayoría de veces se consideraba que el gusto dependía de la formación de la persona, es decir, una persona culta apreciaba de inmediato la belleza porque tenía el don del gusto desarrollado. Esto es sólo una teoría, quizás la práctica es mucho más amplia. Si es cierto que en este tiempo, hemos podido perder la identificación del mensaje, cosa que en épocas remotas como en el Renacimiento, no era necesario saber leer para percibir la fuerza que irradiaba la imagen.

César Ramírez Martínez, nace en Sevilla con una estrella sobre su cabeza, germinando en su niñez con el don de manejar con soltura el dibujo que fue cultivando a medida que creía en edad, sabiduría y gracia hasta llegar a la Facultad de Bellas Artes. Quizás es una herencia de su abuelo materno. Y de Bellas Artes a la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla. Algo que en esa época tenía mucha más cercanía de lo que a simple voz pueda parecer. El imán que trae a Cesar a vincularse con el mundo cofrade es la música, esto le viene heredado de su padre que estuvo destinado muchos años en Soria 9, por lo que se adivina su influencia clásica. El destino le llevó a asentarse en la hermandad del Museo donde ha llegado incluso a formar parte de su junta de gobierno.

Su trayectoria artística, el propio César confiesa que desde que falleció su padre en 2010, ha tomado una carrera de vértigo, todo se ha sucedido con cierta efervescencia.

Estoy seguro de que César, cuando se enfrenta al vacío blanco e inerte de un lienzo, no siente vértigo porque anteriormente se ha documentado y preparado sumando horas de estudio sobre la composición para llegar a su objetivo, para llegar a nosotros con la fuerza, nitidez y claridad el mensaje que nos transmite con esta obra que hoy nos trae.

Su currículum de obras, es para considerarlo ya, uno de los grandes, destacando el Cartel de la Semana Santa de Sevilla 2016, Cartel para la Magna Mariana de Écija. Su formación también le ha llevado a diseñar la portada de la feria de Sevilla de este año. Todavía permanece fresco los óleos utilizados para el recién estrenado cartel de la Semana Santa de Córdoba para este 2018. El cartel de la Semana Santa de Marchena de 2017, el de las fiestas de La Isleta de Las Palmas de Gran Canaria de 2017, la portada del libro del Vía Crucis de las Hermandades de Sevilla en el año 2014, o la papeleta de sitio de la hermandad del Museo para tal ocasión. Y no queda atrás la cantidad de obras que ha realizado para  algunos privilegiados particulares.

Permítanme citar textualmente el encuentro que en la reconocida web cofrade gente de paz, Guillermo Rodríguez y Antonio Poyato tuvieron con César Ramírez y Nuria Barrera. La pregunta viene perfecta para la cita que hoy tenemos:

― ¿Qué elementos esenciales no deben faltar nunca en un cartel de Semana Santa?

C.: Que sea totalmente reconocible, ciñéndonos a los cánones de la cartelería. Que el lenguaje sea universal, que esté dotado de unción sagrada. Que la finalización de esa obra sea, no evangelizadora, pero sí que pueda servir para evangelizar, en un momento dado una de tus obras puede ser bendecida. Y debe tener una composición que transmita y mucho mensaje, que llegue a todos esos estratos y clientela a la que está dirigido.

Hoy César ha cumplido cada una de estas premisas y algunas más que iremos descubriendo a lo largo de esta noche en este cartel anunciador. Pero la fundamental es que nos deja una obra que llegará a todos, fácilmente reconocible, que cuando la veamos colgada en cualquier rincón de la ciudad, será cuando la obra cumpla su función verdadera, la de anunciar que la Cofradía de Jesús Cautivo y María Santísima de la Trinidad nos convoca de nuevo a un Lunes Santo. Quizás vean este cartel en su panadería clásica, en un puesto del mercado central, un comercio de ropa o su taller mecánico y es que en breve, la difusión de este cartel invadirá todos los rincones de la ciudad y del mundo por medio de las redes sociales.

Por tanto no demoremos más y presentemos al mundo el estandarte de este año 2018

Lamento decepcionaros si esperáis que os explique el cartel, pues como bien vemos, este cartel habla por si solo, eso si, si me lo permitís, vamos a documentar cada una de sus partes junto con César que ampliará mi información y añadirá detalles técnicos.

Seguramente cuando Ignacio Castillo y sus colaboradores pensaron en el nombre de César Ramírez, lo hacían con el conocimiento de su trayectoria pictórica y en esto Ramírez ha sido totalmente fiel a sus principios y sus cánones, sabedor de la importancia que tiene poner un pie en nuestra ciudad de la mano de Jesús Cautivo.

Y es a ellos, al Cautivo y la Trinidad, a quien el artista cede el total protagonismo y sobre todo su preocupación de que sea un cartel anunciador que llegue a todos, y creanme que lo ha conseguido con cum laude. Bien lo sabe él, que domina sabiamente las técnicas y medios para llegar a este resultado.

En la misma entrevista César nos revela:

En mucha cartelería actual que veo hay poco trabajo de composición, con el lema “menos es más”. Yo soy arquitecto y lo de menos es más lo llevo escuchando en la carrera desde primero. Pero frente a esa, hay otra tendencia que defiende que “menos es aburrido” como dijo el gran arquitecto Robert Venturi. Yo estoy más en esa segunda tendencia, menos es aburrido. Ahora bien, si vas a meter muchas cosas, trabájalo y mételo bien compuesto y con orden, con una composición y un equilibrio… y eso, es muy complicado

El formato alargado del soporte, rompe con un formato bajo la proporción áurea clásica, evoca a la figura espigada de Jesús Cautivo pero sobre todo a una composición vertical que nos invita a reconocer rápidamente su composición mirando al centro de la obra, la parte inferior y la superior. En una previsualización de la obra ya recibimos su mensaje con nitidez y sobre todo identificamos claramente cada una de sus partes compositivas. De abajo arriba y de arriba abajo, asciende todo un programa iconográfico tal y como si fuera un retablo clásico.

Dividiendo la composición en tres grandes partes ampliamente reconocibles, nos detendremos en la superior donde domina la escena la imagen bendita de María Santísima de la Trinidad. Se presenta vestida de reina, coronada con la presea que D. Antonio Dorado depositó en sus sienes en el año Santo Jubilar. En ella César se ha detenido en manejar con más pulcritud su rostro, y a medida que se aleja de el, sus pinceles evaporan detalles que no deben contrarestar la expresión de la Trinidad. El fondo ocre, evoca a los fondos dorados del arte bizantino y gótico, sobre todo en mosaicos y pintura sobre tabla respectivamente.  La intención no es otra que la de situar a la Virgen en un espacio sagrado, un espacio neutro pero vinculado a lo sobrenatural. El cromatismo cambia para remarcar la composición completa con un marco dentro de la propia obra pictórica traducido por un sombreado, donde nos deja lugar a situar esta obra en nuestro momento contemporáneo marcándolo con el año, hashtag y twitter de la cofradía, medio de comunicación con el mundo publicitario de internet.

Si la Trinidad corona este cartel anunciador, el corazón de ella, vuelve a ser la misma Trinidad. En este caso habría que apuntar y refrescar la conexión perfecta para que sea representada justo en este año 2018, en el conocido como Año de Murillo. Concretamente la Doble Trinidad reinterpretada en sedas en la gloria del palio de la Virgen ejecutado Joaquín Salcedo. La conocida doble Trinidad nos vincula el plano superior con el inferior de esta obra, siendo bisagra entre los dos titulares, referente del dogma Trinitario, la Virgen siendo su advocación y el Cautivo formando parte de esta misma Trinidad.

La Trinidad terrestre está concebida iconográficamente según el modelo de la Trinidad celestial, de la que es reflejo. San Francisco de Sales, en sus Conversaciones Espirituales, escribió: «María, José y el Niño es una Trinidad en la tierra, que en cierta forma representa a la Santísima Trinidad. San José es la imagen de        Dios Padre, el Niño es evidentemente el Hijo y la Virgen sustituye al Espíritu Santo, del cual es el templo vivo». A partir del siglo XVII se dio en la pintura con cierta frecuencia la superposición de las dos «trinidades», la celestial y la terrenal. Así sucede en esta composición, en cuya parte inferior aparece la Virgen; san José, que lleva una vara florecida muy semejante a las utilizadas en la pintura de finales del XVII, en especial por Claudio Coello, y, entre ambos, la sonriente figura del Niño que camina entrelazando sus manos con las de sus padres. Sobre este grupo, en el eje central de la composición, sobre vuela la paloma del Espíritu Santo, y junto a ella aparece la imagen de Dios Padre, en medio de un luminoso rompimiento de gloria, bendiciendo con su mano derecha, mientras apoya la izquierda sobre el orbe. Por tanto queda patente el carácter trino de la representación. Éste es el modelo habitual de superposición de la Trinidad celestial y la terrenal, tema más propio del siglo XVII que del XVIII, ya que es un asunto especialmente vinculado a los planteamientos contrarreformistas, defendidos con tesón y rigor en la producción seicentista pero bastante más relajados en la actividad artística dieciochesca. Semejantes a esta obra, existen varios ejemplos en la pintura madrileña del pleno barroco, en cuadros de Carreño y Claudio Coello, y también en la sevillana, donde Murillo , tal y como hemos descrito y referenciado, resalta con éxito la composición. Composición Triangular de esta primera mitad del cuadro que ya nos evoca y centra en este año tan especial en el que celebramos el cincuentenario en torno a la Ella. Sirve de telón el recorte en tintas planas del techo de palio de la Virgen, apenas perfilado, para dar soporte a la siguiente sección y servir de espaldas a la sagrada imagen de Jesús Cautivo. Un enrejado vegetal que se va difuminando para enlazar las dos grandes partes de la composición y como base, como eje, el Señor claramente representado siendo eje ascendente. El foco visual y perspectiva de toda la obra viene a estar situado en torno a la parte central de la misma, lo cual le lleva al autor a representarlo desde una perspectiva menos usada en carteles anteriores de arriba a abajo. Por tanto, no mira directamente al espectador sino que la mirada del Señor se dirige hacia abajo en una actitud serena, de paz y de resignación propia de la imagen de Martín Simón. Para dotar a la imagen de divinidad y profundidad respecto al plano posterior César ha iluminado su testa con una luz dorada propia de la naturaleza de Dios, más que justificado por Mateo en el momento de la Transfiguración.

"Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz."

Gracias César por tu legado, por tu arte, por compartir tu don con Málaga. Llegas a esta difícil plaza de primera pero ten por seguro que has comenzado con el mejor lote del sorteo. Que el Cautivo y la Trinidad premien siempre tu cariño y fidelidad a ellos. Muchas gracias.

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